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Ciencia mexicana a tres mil 500 metros de profundidad


Por Marytere Narváez

Mérida, Yucatán. 21 de julio de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- Durante una campaña oceanográfica en aguas profundas de la región de Perdido, frente a las costas de Tamaulipas, especialistas del Consorcio de Investigación del Golfo de México (Cigom) realizaron arrastres a más de tres mil metros de profundidad por primera vez en la investigación oceanográfica mexicana, con el propósito de recolectar organismos de las llanuras abisales, medir la hidrología y recolectar muestras de agua y sedimentos.

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Víctor Vidal Martínez, especialista del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav IPN), unidad Mérida, y coordinador del crucero oceanográfico, señaló que con este logro se rompió el récord mexicano de muestreos en aguas profundas mediante trineo bentónico, pues ningún equipo mexicano había muestreado en el golfo de México los ambientes de estas profundidades.

Tripulacion del buque oceanografico Justo Sierra de la UNAM 3Tripulación del buque oceanográfico Justo Sierra de la UNAM.Este logro se realizó como parte del proyecto Implementación de redes de observaciones oceanográficas (físicas, geoquímicas, ecológicas) para la generación de escenarios ante posibles contingencias relacionadas a la exploración y producción de hidrocarburos en aguas profundas del golfo de México, financiado por el Fondo Sectorial de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía (Sener) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

La campaña se realizó en el buque oceanográfico “Justo Sierra” con la participación de un grupo de investigadores del Cinvestav Mérida, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) y El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

Estudio de las corrientes marinas

Para estudiar el mar es necesario observarlo desde el punto de vista físico, biológico, químico y geológico, señaló en entrevista Cecilia Enríquez Ortiz, investigadora de la Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UMDI UNAM) y jefa de campaña del “Justo Sierra”.

Para esto, es necesario coordinar campañas de investigación en buques oceanográficos que, a través de una serie de maniobras realizadas por expertos, permiten estudiar variables físicas (temperatura, salinidad, densidad) y la manera en que las diferentes masas de agua se acomodan en la columna de agua, generando el movimiento de corrientes marinas.

De acuerdo con la investigadora, las corrientes marinas se encargan de distribuir diversas propiedades climatológicas en todo el planeta, tanto en la superficie como en las profundidades, así como de transportar organismos macroscópicos, microscópicos y materiales como sedimentos y contaminantes.

“En este caso, el punto de interés central del proyecto está enfocado en ver cómo sería el transporte de hidrocarburos; observar si los hidrocarburos pueden estar a lo largo de la columna de agua suspendidos, estar en el sedimento y moverse con el sedimento o quedarse en el sedimento por mucho tiempo en las profundidades”, indicó.

Dificultad de la zona de Perdido

De acuerdo con la investigadora, usualmente las plataformas continentales son muy planas y, contiguas a estas, se encuentra un quiebre conocido como talud continental, después del que se encuentran las zonas abisales. En diversas partes del mundo, el talud continental es relativamente plano, como una larga resbaladilla que desciende hacia las zonas abisales.

“El caso de Perdido es un reto porque es una región donde el quiebre es parecido a una cordillera, como cuando uno va viajando en el continente por zonas montañosas y encuentra una curva tras otra, como montañas muy pronunciadas que hacen que tomar mediciones sea una cuestión de precisión quirúrgica”, describió.

Para esto, el buque debe contar con una tripulación experimentada sobre el funcionamiento de las artes de muestreo para mantener el barco en la posición adecuada, aun en contra de las corrientes marinas, para poder bajar el trineo bentónico y tomar las muestras.

Muestreo con trineo bentónico

De acuerdo con Cecilia Enríquez, el arte de la toma de muestra del fondo con un trineo bentónico en las grandes profundidades es muy distinto al que se realiza con una red de pesca común. “El trineo básicamente es una red que fue diseñada para la investigación, con el que se baja de una forma muy precisa y lenta una canasta para tomar una muestra pequeña pero muy valiosa de los organismos que viven en el fondo marino”, apuntó.

deep rec1 72117Para lograrlo, se requiere un análisis exhaustivo del área de muestreo previamente, así como una combinación de instrumentos en campo que envían una señal de sonido que rebota con el fondo, permitiendo saber en tiempo real lo que se va encontrando en este.

“Entonces procedemos a bajar este instrumento, que es como una portería de futbol que tiene atrás una red. Para bajarla a tres mil 500 metros de profundidad hay que soltar casi siete kilómetros de cable en un proceso que toma un par de horas”, describió.

“Fue una combinación muy afortunada de los equipos que estaban a bordo del barco. El cable que se compró expresamente para poder llegar a esa profundidad está hecho del mismo material que los chalecos antibalas y aguanta 14 toneladas al tirón”, apuntó Víctor Vidal.

Una vez que el trineo se encuentra en el sitio del fondo planeado cuenta con un corto tiempo para realizar el muestreo y volver a subir lentamente, lo que toma alrededor de una hora.

“Requiere una planeación importante para lograrlo. Ver salir esto con todo y trineo ya es una felicidad muy grande porque en cada momento uno está un poco nervioso, esperando que a lo mejor ya no suba nada o que el trineo suba sin organismos”, indicó la investigadora.

De acuerdo con Víctor Vidal Martínez, los guinches del “Justo Sierra” (de 34 años de edad) funcionaron de manera perfecta gracias a la pericia de la tripulación del capitán Leobardo Ríos Mora y de sus oficiales Guillermo del Ángel Román y Abraham Sasoé Vázquez, así como de sus marinos timoneles Juan Manuel Castillo Castañeda, Guillermo González Hernández, Justo Cuauhtémoc Ramírez Hernández y Luis Manuel Lorenzo Castan. “La mejor que tenemos en el país en buques oceanográficos”, resaltó.

Estudio de los organismos colectados

Entre los organismos colectados en los ambientes del fondo marino de Perdido, se encontraron pepinos de mar, erizos y peces abisales que por primera vez se describirán en México.

Tripulacion del buque oceanografico Justo Sierra de la UNAM 2“Fui muy afortunado porque a bordo tuve la oportunidad de revisar al menos seis especies de peces abisales y es la primera vez que los mexicanos tenemos la oportunidad de ver esos organismos de la parte mexicana del golfo de México”, indicó Víctor Vidal.

Mediante la técnica de isótopos estables se pretende conocer los hábitos alimenticios de los organismos colectados, mientras que a través de biología molecular se identificará cada una de las especies.

“A cada pececito le vamos a sacar un tesoro de información y esos son solo los peces, pero hay que ver qué traen los erizos, los camarones y todos los demás”, apuntó el investigador.

De manera preliminar se encontraron parásitos de tiburones abisales, lo que para el investigador da una idea de la biología enorme que esto implica. “Debe haber tiburones abisales que viven en las profundidades en el fondo del mar, entre los tres mil 300 y tres mil 500 metros”, indicó.

Para que se completen los ciclos de vida de estos organismos, se requiere que los peces coman caracoles, copépodos y quetognatos (pequeños crustáceos que viven en el zooplancton), inclusive camarones. “No conocíamos que estos organismos habitaban ahí. Esta diversidad, junto con los corales blandos, pueden tener miles de años”, indicó.

Entre Cuba y Yucatán

El Cinturón Plegado de Perdido está conformado por una serie de pliegues formados geológica y tectónicamente que han dado lugar al surgimiento de cadenas montañosas sumergidas frente a la costa de Tamaulipas, limitando al norte con la frontera marina con Estados Unidos.

“Es una región muy importante desde el punto de vista oceanográfico porque el golfo de México es como una pequeña cuenca cerrada que tiene dos entradas. Por un lado, entre Cuba y Yucatán entra la corriente de Yucatán, que es básicamente la que lleva toda el agua que va a estar en el golfo de México, y toda el agua que sale lo hace entre Florida y Cuba”, describió Cecilia Enríquez.

De acuerdo con la investigadora, la corriente de Yucatán crea una especie de lazo dinámico antes de salir y, a lo largo de varios meses, este se vuelve una curva cada vez más pronunciada hasta que se cierra por completo, generando un gran remolino que gira anticiclónicamente.

“Después viaja hacia el oeste y colapsa contra la zona de Perdido, entonces es una región en donde hay mucho dinamismo y estudiarla es importante para ver de qué manera en esa zona estos remolinos pueden tener una influencia grande que provoque que un derrame en mar profundo pueda subir a las plataformas continentales y llegar a afectar las zonas costeras, que es lo que nos afecta a los humanos”, apuntó.

 

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