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Veracruz, territorio de tránsito y destino de migrantes hondureños


Por Ana Luisa Guerrero

Ciudad de México. 15 de diciembre de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- La falta de oportunidades, la pobreza, el desempleo y la violencia son las principales causas que obligan a miles de hondureños a cruzar México con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

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En su camino rumbo al norte, muchos de ellos se valen de la ruta del tren de carga apodado “La Bestia” para atravesar el territorio mexicano. El también llamado “tren de la muerte” inicia su recorrido al sur del país, en Tenosique, Tabasco, o en Tapachula, Chiapas, rumbo al norte; cuando avanza por la región oriental llega a Tamaulipas, por el occidente llega a Chihuahua, Sonora y Baja California.

Algunos logran su objetivo, otros se quedan en el camino. En la ruta oriental, determinados puntos del estado de Veracruz son un paso obligado para hacer una pausa en el camino. Actualmente es común observar en las calles de ciudades como Acayucan, Coatzacoalcos, Veracruz, Orizaba, Córdoba y Xalapa, a ciudadanos de Honduras, Guatemala y El Salvador, principalmente, varados en la región.

La doctora María Teresa Rodríguez López, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), unidad Golfo, identificó en años recientes que muchos migrantes ya no solo estaban de paso por la región central de Veracruz, sino que habían comenzado a establecerse de manera permanente o semipermanente.

De ahí que en 2014 comenzó una investigación para estudiar la transitoriedad, particularmente las dinámicas de inserción o permanencia, de los migrantes hondureños en las ciudades de Xalapa, Córdoba y Orizaba desde una perspectiva etnográfica.

Y es que, señala, estos grupos de personas salieron de su país con la intención de llegar a Estados Unidos; sin embargo, según las barreras y oportunidades que encuentran en su camino, ajustan sus estrategias y cambian los planes, por lo que un lugar de tránsito puede convertirse en su destino, o bien una estancia que al principio se concibió temporal puede volverse permanente.

Para desarrollar su proyecto, la investigadora nacional nivel I eligió a los migrantes hondureños porque, de acuerdo con sus observaciones empíricas, son los que más están asentándose recientemente a lo largo del país; aunque desde hace décadas se han establecido personas de origen hondureño, salvadoreño y guatemalteco en los estados fronterizos de Tabasco y Chiapas.

Según el embajador de Honduras en México, a junio de 2015, México era el segundo destino de migración de los hondureños, ya que al menos 20 por ciento de quienes intentan llegar a Estados Unidos se queda en nuestro país.

1 MariaLa doctora María Teresa Rodríguez forma parte del Laboratorio Mixto Internacional “Movilidad, gobernanza y recursos en la cuenca mesoamericana” (IRD-CIESAS-FLACSO Costa Rica).“Estoy interesada en cuestiones que tienen que ver más sobre las formas de inserción o permanencia en las sociedades locales, y para eso elegí la ciudad de Xalapa y la zona de Córdoba y Orizaba, ubicada en la ruta ferroviaria del Golfo de México”, dice.

¿De paso o establecidos?

Doctora en ciencias antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Iztapalapa, María Teresa Rodríguez observó que en su tránsito por México los migrantes provenientes de Centroamérica se encuentran dispersos a lo largo del territorio nacional en condición de tránsito o permanencia, siendo el estado de Veracruz uno de estos nuevos lugares de paso y asentamiento. Este fenómeno en la entidad no se ha documentado, por lo que decidió emprender esta investigación.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, detalla que la noción de transitoriedad no explica totalmente el fenómeno, por lo que afirma es necesario buscar otras categorías que ayuden a entenderlo, pues considera que “la condición de indefinición en los objetivos y metas de muchos de los migrantes, así como las contingencias a las que se enfrentan, están dando lugar a una nueva configuración espacial de la migración”.

A partir de su trabajo de campo, la profesora ha identificado distintos tipos de migrantes en las ciudades de estudio. El primer tipo de personas son migrantes en tránsito, que están temporalmente en la región con el fin de llegar a Estados Unidos, independientemente de que lo logren o no antes de llegar a la frontera norte de México.

Un segundo grupo son los migrantes hondureños que están “atrapados en la movilidad”, como se les ha llamado, es decir, que no cuentan con un lugar fijo de residencia y se van moviendo de manera policentrada en la región oriental y en el altiplano de México, incluyendo el estado de Veracruz.

Hay otro grupo de personas que, estando atrapado en la movilidad, se encuentran semiestablecidos en Xalapa pero que tienen en mente la transitoriedad, ya que constantemente se movilizan y no tienen un lugar fijo de residencia.

Un cuarto grupo está integrado por migrantes hondureños que están establecidos en estas ciudades de manera permanente y que incluso están incorporados al sector informal, pero en condición migratoria irregular.

Finalmente, hay otro grupo de migrantes con una situación migratoria regular y que, por sus propios objetivos, se encuentran establecidos configurando, por ejemplo, familias mixtas.

La investigadora explica que no es fácil detectar el tiempo que se quedan de manera semipermanente, porque se trata de tiempos variables y en función de las necesidades de cada persona o grupo familiar.

“En Xalapa he encontrado personas que identifiqué a partir que empecé mi investigación en 2014, que siguen aquí pero van y vienen moviéndose de un lugar a otro, algunos se trasladan a la Ciudad de México, al Estado de México o Puebla, así como a otras ciudades medias de la entidad veracruzana; pero hay otros que se aventuran a ir más al norte o al occidente, aunque son los menos”, dice.

Y es que ha detectado que pueden quedarse años en esta situación de transitoriedad, porque hay personas que llevan hasta seis años en Xalapa y moviéndose continuamente, sin la intención de llegar a Estados Unidos; “muchos ya lo intentaron, fueron deportados y perdieron la esperanza de pasar nuevamente; otros simplemente no han llegado y han decidido no intentarlo”, añade.

¿Por qué se quedan?

A la fecha, la doctora Rodríguez López ha realizado alrededor de 40 entrevistas semiestructuradas, a través de las cuales distingue algunas características de quienes se quedan en territorio mexicano, así como las motivaciones que tienen.

En esta área identifica tres grupos: aquellos que intentaron cruzar la frontera con Estados Unidos y no lo lograron; quienes lograron pasar y fueron deportados, así como aquellos que piensan que es difícil cruzar y, por lo tanto, no lo han intentado.

En todos ellos, apunta, la decisión de quedarse en la zona se debe a las fuertes dificultades que han encontrado en el camino, a pesar de que su destino no era nuestro país.

De quienes están en México, la mayoría desea quedarse, llegar a Estados Unidos o incluso a Canadá, y no piensa regresar debido a las condiciones de violencia, pobreza y desempleo de sus lugares de origen.

¿A qué se enfrentan?

En su establecimiento fijo o semifijo, los migrantes hondureños se enfrentan a diversas dificultades, la mayoría relacionadas con su condición de indocumentados.

 

Parte de este trabajo de investigación se ha expuesto en el artículo "Hondureños migrantes en México: del tránsito al asentamiento", que puede consultarse en esta liga.

Para mayor información, escribir a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Y es que Veracruz no es un lugar que demande fuerza de trabajo foránea, siendo así que las oportunidades laborales a las que pueden aspirar apuntan al sector informal, sin prestaciones ni seguridad social, porque existe mucha desconfianza por parte de los empleadores para contratar a personas sin documentos.

“En algunos casos sí ocurre —como lo muestran algunas de mis entrevistas— pero las contrataciones son esporádicas y de carácter temporal, pero los patrones les pagan menos que lo que le pagarían a un mexicano, y en otros casos ni siquiera les pagan lo prometido, porque en ocasiones hay quienes han tenido la experiencia de haber trabajado sin recibir remuneración”, narra.

Ello, reflexiona la investigadora, genera condiciones de alta precariedad para estas personas, porque carecen de los medios para concretar un proyecto de vida a largo plazo, lo que deriva en optar por la movilización continua de un lugar a otro.

“Por estas razones es muy común verlos en las calles pidiendo alimentos, ropa o dinero; o bien aceptando empleos temporales y mal remunerados”, abunda.

Un problema al que se enfrentan quienes viajan con niños en edad escolar es la falta de oportunidades para que accedan a las escuelas, porque la mayoría no trae consigo acta de nacimiento o papeles de identidad, lo que dificulta que puedan seguir sus estudios de una forma más ordenada y regular.

En general, quienes se quedan en territorio mexicano se enfrentan a formas de vida caracterizadas por la inestabilidad y precariedad, frente a una carencia de respaldo institucional y económico, situaciones que a decir de la investigadora “deberían incidir en la creación de espacios de oportunidad para que puedan alcanzar su inserción en las sociedades receptoras”.

Los resultados de esta investigación serán plasmados en un reporte final y se contempla que su publicación sea en 2017.

 

 

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